Párroco, a la fuga… en Popayán, Colombia

El vuelo con escala en Atlanta tuvo varios sobresaltos, pero entre retrasos, noche en el aeropuerto y demás las casi 35 horas que nos separaban de Pamplona a Popayán fueron relativamente llevaderos.

La capital del Cauca nos recibió con un día soleado y 25 grados, y en una hora ya estábamos en la casa familiar de Yudi rodeados de diez familiares, entre otros Doña Doris y Don Omar, cabezas de familia, Ruth y su marido Milton, y sus niños Alejandro y Natalia Valeria, y el hermano Lucho.  Poco tardamos en descubrir que entraban en escena decenas de otros personajes, que entran y salen diariamente de la casa; el chico al que le dan alojamiento gratis, los vecinos que tienen permiso para usar el frigo, lavar la ropa y colgarla en la casa, los familiares que los visitan diariamente, etc.

No llevábamos ni cinco horas en casa cuando nos confesaron que la fe de bautismo de Yudi la había solicitado hace días, y que en el registro de Bolívar no solo habían confundido los apellidos de la madre, sino que le habían eliminado un apellido a Yudi y alterado su fecha de nacimiento. A partir de ese punto, se ha sucedido lo que aquí llaman “lo ponen a uno a voltear” (a perder el tiempo con gestiones burocráticas).

Sobra decir, que si el certificado de haber sido bautizada no es correcto no nos podemos casar. Además, en su día tampoco fue confirmada, aunque parece que ese sacramento no es necesario para la boda religiosa.

Hemos hablado ya con varios sacerdotes, y han dado a entender que el expediente tiene que estar perfecto y revisado minuciosamente. Sin embargo, no faltan familiares que nos proponen otro sacerdote que conocen que “no pone problemas”. También tienen conocidos que “les colaboran” para dar con algún funcionario que acelere la tramitación del bautismo. El caso es que mi documentación parece estar bien y Yudi es la que tiene problemas, que muy probablemente se solucionarán, lo que no sabemos todavía es cuándo ni cómo. Lo más cómico es que todos los colombianos decían; por el amor de Dios, cualquier padresito los casa allí, hay hartos (muchos), no se preocupen por eso.

Nos ha visitado el Tío Jaime, cuyo hijo está en la cárcel. La familia dice que por malas compañías. Ha llamado para preguntar por su padre, de quien no le había llegado una platica, pero Yudi le ha enviado 50.000 pesos para que vaya tirando. Aquí todo el mundo tiene mil desgracias (familiares, económicas, de violencia) y mil carencias de todo tipo, pero reconocen vivir felices y entre todos se ayudan.  Justo ayer nos comentaba un vecino que el sistema de salud pública era tan precario, que el que tenía un problema grave “estaba fregado” (no tenía nada que hacer), pero mientras lo decían reían y bromeaban sin cesar. ¿Y yo que no le encontraba la gracia?

Esto me recuerda al abuelito Alejandro. Le dio un ictus hace dos semanas, y le dijeron que estaba muy mayor para operarlo y lo trajeron a casa.  Cuando insistes en que probablemente sea importante que algún otro médico haga una valoración dicen que su carné sanitario no cubre estas contigencias, y que además- usted sabe-, estas cirugías son muy costosas. Todos le visitan diariamente ayudándole en lo que pueden, pero asumen de algún modo, que así son las cosas, y le puede estar llegando su momento. A mi me ha parecido que está moribundo, pero ante cualquier atisbo de mínima mejora todos alaban su fortaleza física y sus ganas de vivir. Por lo visto en el hospital los mantienen sedados sin darles de comer, por eso todos saben que en casa está mucho mejor.

En otra ocasión os hablé de Christian, el taxista de la familia que tenía un machete bajo el asiento, por si alguien se le ponía farruco. Dejó el taxi de Don Omar, y se puso de motorratón (taxi ilegal con la moto). Hoy hemos sabido que fue asesinado hace un año, porque había pedido un préstamo a unos mafiosos, y por menos de 60 euros (180.000 pesos) no dudaron en meterle un par de balazos.  Nuevamente, todos asumen que se metió en problemas, y ese es el precio que se paga. No es casualidad que sus dos hermanos hubieran sido asesinados también con menos de treinta años.

Me da la sensación de que todos los colombianos viven varias vidas de las nuestras, y que este recorrido por la vida es un tobogán con mil volteretas, subida y bajadas, siempre soportadas por un hilo fino de estabilidad. Frente a esta idea, nuestra vida organizada, previsible y estable me resulta ahora un poco inverosímil, ¿o será al revés?.

En otra ocasión subo alguna foto y por supuesto, sigo contando, porque sin duda, habrá novedades.

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