Semana Santa, Popayán, Colombia

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Hay muchas cosas que ya no nos sorprenden. Para llamar por teléfono, utilizamos minutos, que son gente particular que ofrece su teléfono, desde su tienda, o en la calle, o en un puesto improvisado para hacer una llamada al precio de  100 o 200 pesitos el minuto. Como lo roban todo, con frecuencia están encadenados para que nadie se los chorice. Los bajos de las casas son siempre negocios, donde particulares ofrecen desde la comida que cocinan en casa, hasta medicamentos, cerveza y hasta minutos de móvil, todo en el mismo sitio.

Ayer presenciamos la procesión de Semana Santa de Popayán. Empieza hacia las 8 de la noche (aquí a partir de las 6 de la tarde es oscuro, y le llaman noche), y dura unas tres horas. Cada día sale de una iglesia diferente del casco viejo de la Ciudad, y salen entre 9 y 15 pasos con todo su séquito de cargueros (los que lo transportan), los pichoneros (ceden el paso a los cargueros) y las mujeres sahumadoras (que abren paso purificando con incienso el camino), y demás. Siempre hacen un recorrido en forma de cruz que termina en la iglesia donde empezó. Les acompañan con velas y familiares de los cargueros, que caminan en procesión junto con los pasos. Es un tema que se hereda de generación en generación, y sólo tienen acceso las clases privilegiadas de la ciudad. Siempre se ha dicho que la ciudad ha sido de caciques, de nobles, del clero y del ejército.

Ayer fuimos a la casa del Tio Jaime y Lola. Nos invitaron a tomar chocolate con masitas de harina. Tienen un hijo en la cárcel y una hija que es un ángel, y que como no podía se de otro modo se llama Ángela. Siempre me ha parecido la personificación de la dulzura. Tiene 23 años y ha trabajado en Ibagué, donde se maravilló con la amabilidad de la gente y ahora está en Tuluá, cerca de Cali donde tiene un buen trabajo y gana 1.700.000 pesos (menos de  600 euros), aunque prorrateados en 12 pagas y sin vacaciones pagadas.  Se puede tomar unos días de acuerdo con la empresa, pero nadie se los paga. Nos reconoció que no ahorraba, y le insistimos que es muy importante que lo hiciera. Entiendo que ha estado años sin dinero y con miles de planes y deseos frenados, y ahora se resarce disfrutando de los paseos (viajar) y de comer en restaurantes, pero es un sueldo más que respetable como para no plantearse que le rinda mucho más. Es fonoaudióloga y trabaja en un hospital privado. Su madre, Lola, no podía dejar de darnos a entender, aunque con otros términos,  que ha educado y querido por igual a sus dos hijos, y una ha salido un ángel y el otro… un demonio. La misma Ángela nos confesaba que hasta los 6 años podemos moldear a un niño y cambiar sus conductas, pero que a partir de esa edad, ni siquiera un profesional puede garantizar nada.

El abuelo, Alejandro sigue recuperándose, y aunque ni habla ni camina sólo, da a entender que quiere ser independiente. Andrea, es la hija de “Pantera”, un tío de Yudi que es motorratón, y nunca se ha prodigado por su pasión por el trabajo duro y la nobleza en sus acciones. Le gusta el alcohol y la fiesta con pasión. El caso es que el novio de Andrea (aquí casi todos admiten ser católicos profundos, pero casi nunca se casan), parece que se ha buscado a otra y le quiere arrebatar la custodia. En muchos casos ocurre porque se buscan una más joven y abandonan a su esposa e hijos, pero en este caso parece que se ha hartado de ella porque no le respeta y le trataba muy mal. No es un caso muy común, pero vamos, no nos sorprende. La familia sufre porque la madre sólo le da mecato (chuches) a la niña, y no se preocupa por alimentarlo correctamente. Algunas suspiran y dan a entender… en fin, hija del pantera, ¿qué esperabas?

Hemos caminado harto (mucho) por el centro, y hemos hablado con alumnos de la escuela de artes, donde estudian diseño gráfico. Cada grupo de gente vendía un tipo de productos, y nos contaban cómo lo realizan, con qué técnicas y con qué objetivo, en algunos casos reivindicativos, en otros puramente comerciales. Hay que reconocer que son de una calidad humana extraordinaria, totalmente fuera de lo común. Son amables positivos, sonrientes y muy cercanos. Nos tratan en todas partes como a reyes, y es que como dicen aquí, gusta mucho el gringo.

El sábado fuimos a la Casa de la Moneda donde había conciertos folclóricos de danzas de todas las regiones de Colombia, exposición de artesanías, pintura e incluso poesía. La gestora cultural del centro personalmente nos llevó a conocer la segunda planta y las exposiciones que allí se mostraban. Mientras me presentaba a todas las artistas a Iñaki le hacían una entrevista en la Televisión del Pacífico, y es la cuarta vez que lo entrevistan en una semana. Una artista me confesaba que había vivido con varios pueblos indígenas durante unos días, y que era fascinante el mundo de los rituales y su estrechísima relación con la madre naturaleza. Que desgraciadamente se estaba perdiendo mucho de su cultura. Fruto de esos días de convivencia había pintado tres cuadros que me mostraba con pasión. La gestora del centro, me pidió mi contacto para poder volver a vernos porque me quería pedir consejo para la próxima Feria del Libro que se va a realizar en Popayán. No creo que le pueda ser de utilidad, pero si algo está en mi mano…

Esa noche acabamos con nuestra amiga Bibiana y su novio cenando en un restaurante del Pacífico. Allí mismo el colombiano invitó a bailar a la cocinera del restaurante, una afro (aquí no dicen negra) de 1,9 metros de altura y anchas caderas quien no lo dudó ni un segundo. Se  cambió de ropa en el reducidísimo baño del restaurante, se echó colonia y colocó una gran flor en el pelo y nos fuimos a una discoteca donde había una fiesta de afro colombianos a bailar salsa. Como experiencia no voy a decir que no fuera interesante, pero el caucano, el ron y la mezcla con cerveza nos sentaron fatal.

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El museo Jorge Negret es de los pocos que nos faltaban por conocer en Popayán. Tiene escultura y pintura contemporáneas. La sorpresa fue que sin esperarlo tiene, a parte de un Picasso (que en su día robaron y consiguieron recuperar) hasta obras de Jorge Oteiza. Nunca dejaremos de sorprendernos. En la visita estuvimos con dos chicos magníficos de Couchsurfing y una chica bielorrusa que viene en Nueva York. Hasta los policías que vigilaban el recinto interrumpieron las explicaciones de los guías para enamorar (ligar) con la chica. Increíble pero cierto. Unos de los dos chicos payaneses nos comentó que procedía de Leticia, la ciudad del amazonas del Colombia. Nos hablaba de la extraordinaria belleza e interés de la zona y nos decía que con frecuencia de joven, en una lancha se pasaba desde su ciudad a pasar el día a Perú, para ir de compras al mediodía a Brasil y para la noche para rumbear (de fiesta) de nuevo a Colombia. Es lo que tiene que estén allí mismo a escasos kilómetros las tres fronteras.

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Una respuesta a “Semana Santa, Popayán, Colombia

  1. JJajajaj. A ver si Iñaki se nos hace famoso allá por el nuevo mundo!! Buena suerte con la boda!!

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