Aquí se vive sabroooso, Popayán, Colombia

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Ayer fue el cumple de Alejo, y cumplió cuatro añitos. La mama, Ruth, dijo en su colegio donde es profesora que tenía una cita médica para que le permitieran venirse desde el miércoles. A nadie le parece una maniobra especialmente discutible. No faltan tías que vienen entusiasmadísimas a decorar la habitación con bombitas (globos),  la mesa, y a brindarle al niño gaseosa y tarta. Evidentemente, nos juntamos unas 20 personas, entre primos, amigos y demás. Nos resulta una fiesta infantil,  hasta pelín hortera. Con frecuencia pensamos que estamos ya de vuelta de todo en nuestra sociedad, y nada nos satisface plenamente. Los asistentes se muestran emocionados en la celebración.  Lo que está claro es que al niño, a quien sientan en una silla central y le hacen mil fotos, le hacen sentirse como un auténtico rey.

 

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Hoy en el centro histórico hemos dado con una nortemericana y con otra chica de Uganda, que viven en Popayán. Ofrecen clases de intercambio de inglés-español. La chica de Los Angeles, nos comentaba que vivía aquí feliz y que es una vida muy barata. Su familia son de procedencia china, y ya ha entendido con 22 años que aquí la gente disfruta de la vida pero no tiene plata, y que en EEUU trabajan demasiado, son ricos pero no disfrutan de la vida. Se quejaba de que ya están pidiendo 1.500 dólares al mes por una habitación en San Francisco, y pensar que aquí se almuerza bien por poco más de 1 euro. Le comento que un día le invitamos a comer a casa por si le quiere conocer a la niña, se hacen amigos y le pagamos unas clases para Nataly. Sería la única opción de que escuche inglés real. Se lo comentamos a Nataly en el almuerzo y dice un NO rotundo. Con gringos pingos no quiere nada, porque son amigos de Trump.

Por la tarde, aunque llovía a cántaros me he ido con Iñaki a la Fundación Universidad, en el barrio recuerdo porque se ha enterado que los alumnos de fisioterapia de última semestre (el 10), dan terapias (masajes) por 2000 pesos. Nada más salir de allí nos hemos tomado un Kumis, con un pandebono, todo por 6600 pesos. Allí mismo hemos coincidido con una señora de Bogotá y otra payanesa, que habían estado reciéntemente en España, y les encantó. Menos mal.

Volviendo para casa hemos parado en la Biblioteca del Confacauca, donde un señor auxiliar de bibliotecas nos ha enseñado la biblioteca y presentado a todos los empleados. En el área infantil había una educadora, y en el área de sordo-ciegos una señora especializada en niños con diferentes limitaciones. Nos ha parecido que es de esas personas que dejan huella en el mundo; implicada, trabajadora, luchadora… Me comentan que mañana viernes me puedo volver a pasar y hablar con el director. Estoy de vacaciones, con lo que dispongo de todo el tiempo para estos contactos personales y para todo lo que se tercie.

Hace un rato hemos hablado con dos primas que preguntaban si estaba bueno irse a España. Les hemos dicho lo que pensábamos: a no ser que estés super cualificado o en situación realmente lamentable (sin trabajo, con deudas y viviendo del rebusque), quizás nuestro país no te pueda ofrecer nada. Lo triste es que mucha gente que va sin trabajo, se encuentra una abuela a quien cuidar, y aunque se gane 700 euros como interna, ese dinero puede ser una grandísima ayuda para la familia. Si tienen una mínima cualificación y se ganan al menos 1.500.000 pesos en Colombia no nos parece muy rentable abandonar el país en busca de una vida mejor. Por cierto, iban a curar de “espanto” a la bebé de Zully. Nuestra vecina “cura” a todos los niños cuando están tristes o asustados o comen mal, con ungüentos y rezos. Hace años le intentó quitar a Yudi unas verrugas que tenía con “secreto”. No le funcionó. Su familia dice que los elimina con seguridad, pero que será para otro tipo de verrugas, que lo suyo era más tipo lunares. Creencias como estas, aún perviven y siguen muy vivas entre la población de la ciudad.  El mundo de los chamanes, la curantería y los ritos son parte de la vida de los indígenas de la zona, quienes por cierto, suelen recurrir a un chamán para curar sus dolencias y sólo en el caso de que no encuentren una cura, acudirán a un hospital tradicional.

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