Medellín, Colombia

Tras 7 horas de bus desde Armenia llegamos cansados a Medellín, en concreto al Terminal sur de la ciudad, desde donde por 5000 pesitos nos dejaron en El Poblado, la zona por excelencia de los turistas y viajeros. Nos costó entenderlo un poco, porque nos dijeron que eran una zona de estrato 6, la máxima de la ciudad, y siendo la ciudad más próspera del país, ver una calle atestada de tráfico y cuesta arriba no nos pareció al principio algo muy diferente a lo que habíamos visto hasta el momento.

Con los días, porque al final fueron cuatro noches en la segunda ciudad del país, entendimos que era una zona enorme, perfectamente tranquila y segura, y que alberga una zona rosa (la zona de salir a bailar) perfectamente diseñada  y decorada, alrededor de un parque repleto de plantas y árboles. Los restaurantes son enormes y de tendencias y diseño muy variados. Quizás la mejor zona rosa que hemos conocido en Latinoamérica.

A partir del segundo día quedamos con nuestro amigo Sergio, un paisa que ha vivido en Pamplona durante muchos años y ahora ha vuelto a su país de origen. Con el visitamos el centro histórico, con su Plaza Bolívar, la plaza de las estatuas de Botero, Catedral de ladrillos, el pueblo paisa y con el metro cable nos llevó al Parque Arví. Una experiencia realmente única. En la primera parte nos sube por una auténtica favela, que fue una verdadera olla (muy peligrosa) en su día, y desde el alto, colgados en unas cabinas de cristal volvemos a subir atravesando un bosque tropical impresionante hasta que llegamos al Parque Arví, sede de una flora y fauna únicas. La guía, quien nos confesó que tenía familia en el sur de Navarra y justo este verano nos visitaba, nos enseñó los tipos de musgos, setas y orquídeas que se dan en el parque. Las explicaciones no fueron muy precisas, y cuando empezó a llover torrencialmente no contaban ni con botas ni con refugio para nadie, por lo que tuvimos que volvernos sin adentrarnos en el bosque, pero como siempre, todo lo suplen con muchas sonrisas, mucha tranquilidad, y con muy buena voluntad. Nos propuso como alternativa ver el laboratorio donde tienen las orquídeas y nos prestó el baño del personal del parque para limpiarnos las botas de barro y secarnos un poco.

Como era temporada baja, hemos podido regatear el precio un pelín. Hemos conocido mucha gente muy interesante, tanto en los trayectos como en los hoteles. Dimos con una colombiana que había vivido muchos años en España quien hablaba de lo bien que se siente en Medellín y del poco estrés con el que viven aquí. Un holandés, que vive aquí hace cinco años nos habló con cierta amargura de lo duro que es montar un negocio y dar con empleados implicados, responsables y productivos, al estilo holandés. Le prometimos que le entendíamos perfectamente, y reímos a carcajadas con las cosas que hemos visto, nos han contado y hemos vivido.

Otro señor nos habló de que trabajaba en Nueva York,  de cómo le resultaba imposible explicar a sus compatriotas el nivel tan alto de exigencia y productividad que se le exigía en EEUU. Sencillamente, no les cabía en la cabeza lo que les contaba, no podían ni imaginárselo. Reímos mucho y nos despedimos con el mejor de lo deseos. Como casi todos, nos expresó su gran interés en volverse a su país y disfrutar del calor de su gente.

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