Pereira, Marsella, y termales de San Vicente, Colombia

Las últimas tres noches las pasamos en Pereira, una ciudad de un tamaño intermedio entre Medellin y Armenia, pero con el mismo clima perfecto. Tiene aceras anchas y un tráfico más o menos prudente en el centro, aunque no faltan vagabundos y drogadictos sobre todo por la noche.

Desde Pereira hicimos dos excursiones; una a las termales de San Vicente, que nos parecieron sencillamente las mejores que hemos conocido, por su calidad, entorno y organización y la visita al pueblo de Marsella, un pueblo típico de la zona.

Las termales nos parecieron todo un espectáculo. Nos ofrecieron un paquete turístico para todo el día por 75.000 pesos, que incluía los 75 minutos de bus, la entrada y la comida con un refrigerio (agua panela con queso) incluido. Nos pareció un entorno espectacular,  de bosque húmedo tropical donde se veían varias cascadas, y a 2.500 metros de altura cuenta con varias piscinas una de las cuales es totalmente natural que incluye una sauna turca creada con piedras y un plástico.

A la vuelta, nos sorprendió un desprendimiento sobre la carretera. Está lloviendo a mares desde que vinimos, y todos los días se dan movimientos de tierras que en muchos casos matan a gente en la carretera. Nos libramos por poco. Acababa de ocurrir. Tras varias gestiones y llamadas entendimos que nadie iba a venir a quitarnos las piedras, con lo que los cinco hombres del bus, todos turistas, nos bajamos del mismo y empezamos a retirarlas para que el bus pudiera pasar. No sin problemas pero pudo pasar y continuamos la ruta hacia Pereira.

En Marsella visitamos la casa de cultura, un parque botánico educativo y saliendo de allí conocimos un grupo de locales que habían vivido en España varios años. Uno de ellos nos comentó que tiene una incapacidad permanente por un accidente que tuvo trabajando en nuestro país. Dijo estar tan agradecido al país que invitó a toda la ronda y nos agradeció con un apretón de manos la conversación. Nota aclaratoria: El agradecimiento procede de los 3 millones de pesos que debe ganar al mes, de la incapacidad que le paga nuestro país, que le permite vivir como un rey en Colombia.

El siguiente día viernes viajamos otras 7 horas hacia Popayán, para irnos despidiendo de la gente. Estamos ya en nuestra última semana, y aunque nos duela, habrá que ir poco a poco haciéndonos a la idea de que esto se acaba, y llega de nuevo la normalidad.

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